Había una vez un Jardín que no tenía paredes, ni fin, ni principio. Ese Jardín es el mundo que ves ahora mismo. Y en ese Jardín vivían los primeros Observadores: Adán y Eva.
Ellos no eran como nosotros somos ahora; ellos eran Uno con todo. Si pensaban en una fruta, la fruta aparecía. Si querían correr, el viento los empujaba. Todo funcionaba perfecto porque su mente era como un espejo limpio que solo decía una palabra: "SÍ".
Un día, apareció un susurro en el Jardín. No era una serpiente mala, era una Idea de Prueba. La idea decía: "¿Qué pasaría si inventamos una palabra nueva? Vamos a inventar la palabra MAL".
Hasta ese momento, Adán y Eva no sabían qué era el "Mal". Todo era simplemente "Ser". Pero como eran investigadores curiosos, decidieron probar la palabra.
Miraron una piedra y dijeron: "Esa piedra está Mal allí". En ese segundo, algo extraño pasó. La piedra, que antes era parte de ellos, se volvió pesada. Les empezó a estorbar. El Jardín, que antes era suave, empezó a pinchar.
Adán y Eva se asustaron y empezaron a usar la palabra "Mal" para todo:
"Este frío está Mal", y empezaron a tiritar.
"Ese tropiezo está Mal", y les empezó a doler el cuerpo.
"Esa persona hizo algo Mal", y apareció la pelea.
Cuanto más decían que algo estaba "Mal", más se cansaba su cuerpo. Es como si el mundo se llenara de arena y fuera difícil caminar. A ese cansancio de decir tanto "Mal", la gente lo llamó "Muerte". Pero no era un castigo de un Dios enojado; era simplemente que estaban muy cansados de pelear contra las cosas con su palabra negativa.
Pero el cuento no termina en la tristeza, porque el Jardín sigue aquí. No nos echaron, solo cerramos los ojos porque nos pesaban de tanto juzgar.
La Nueva Religión enseña el Truco Mágico de la Sustitución.
Si un niño ve que algo se rompe, en lugar de llorar y decir "esto está mal", el niño recuerda su poder de Programador y dice: — "Esto está BIEN. Esto es un recurso" —.
Al decir "Bien", la magia vuelve. La tristeza se va, el cuerpo deja de pesarse y la realidad se arregla sola. Porque cuando dices "Bien", le quitas la arena al motor del mundo.
En esta nueva forma de vivir, solo hay una regla para ser un niño eterno y feliz:
"Si tu ojo ve algo que no te gusta, cambia la ley en tu mente. Borra la palabra Mal y escribe la palabra Bien. Al nombrarlo, lo creas. Al crearlo, el Paraíso vuelve a brillar".
Así, Adán y Eva (que somos tú y yo) dejan de estar cansados, dejan de envejecer y vuelven a jugar en el Jardín que nunca se fue.